(Parte final)
Sonrió. Y pensó: “Yo no soy así”.
Una suave lluviecilla de colores caía lentamente, era el rocío matutino. Sí, ese era su origen, el alma de los seres imposibles se evaporaba y al caer otorgaba nueva vida.
- ¿Estás bien? Ese pajarillo era muy peligroso y lamentaría ver tanta energía vital desperdiciada, mucho más siendo tu mi hermana – dijo, el gusano de los mil colores, mientras limpiaba el hilo que le había obsequiado la arañita de mantequilla en la ciudad de los tréboles metálicos.
- Era de suponerse. Pero ¿De que te preocupas? Si yo muero sólo tienes que encerrarte en un capullo de cera y serás la nueva mariposa de los mil colores. No tan bella, pero que importa serás la hija única del arco iris. ¿Eso es lo que quieres o no?- replicó, con ira, no porque lamentara que su único amigo hubiese sido asesinado ante sus ojos sino porque su amor propio se encontraba sumamente lastimado. – Eres un egoísta reconócelo, sólo te preocupas por ti mismo, no te preocupaste por mí ni un instante, preferiste construir rascacielos de miel con chispas de destellos azules. Sí, eso es, una vez que termines de cambiar este mundo te coronarás a ti mismo como un ser supremo, el más bello, y para lograrlo me asesinarás. Así surgirás de tu capullo como una prueba clara de la magnificencia de la creación…
- ¿Qué? – Interrumpió el gusano – De todo lo que has dicho sólo tienes razón en que prefiero construir rascacielos a estar haciendo caso al berrinche de una mariposa malcriada e inconsciente, porque eso es lo que eres, una berrinchona y caprichosa sin remedio…
Antes de continuar, cabe aclarar que el rocío matutino, antes de que todo esto ocurriese, era muy escaso pero desapareció por culpa del gusano de los mil colores. Porque él, en un arranque de gran perfeccionismo, consiguió la inmortalidad de los seres imposibles.
La mariposa, ante todo, era consciente de este hecho y por eso prefirió envolverse en un poco de rocío y desaparecer al instante.
- Demonios – gritó – tanto te molesta saber que no somos un adorno y que podemos dar mucho más de lo que se espera de nosotros. Me sorprende que teniendo tanta energía la desperdicies en sentirte miserable en lugar de brindarle un beneficio al mundo en el que vives, que por cierto, está desapareciendo gracias a tu amigo y por lo que pude investigar todo es culpa tuya.
- Señor, disculpe, pero que culpe a su hermana no nos ayuda en nada – dijo la polilla de chocolate número 675.
- Sí, ya lo sé, todo es mi culpa – respondió el gusano, en un intento de complacer a oídos ajenos.
- El que admita su culpa tampoco ayuda, señor, yo creo que deberíamos buscar otra solución ¿Y si le hace caso a su hermana? Total, siendo una mariposa es más útil que siendo gusano – propuso, insolentemente la polilla número 676.
- Señor, mientras lo piensa, creo que debemos solucionar otro problema; pues verá, aparecieron unos seres que se autoproclaman: “los niños de papel”. Y por lo que pude averiguar odian las flores y todo lo relacionado a ellas. Como sabrá, ya no quedaban muchas flores y como éstas estaban cubiertas de destellos azules…bien, ellos están destruyendo el tercer sol. Además, está escaseando energía solar, uno solo no abastece a las plantas purificadoras de agua, a las refinerías de destellos dorados y a los micro catalizadores de la inmortalidad. Señor, estamos en serios problemas, los seres imposibles al no tener suficiente alimento están recurriendo a devorarse entre sí; es como una enfermedad imparable. Señor ¿Qué hacemos? – informó y preguntó, la polilla número 678.
Por primera vez en su corta existencia, y vaya que hizo mucho en lo poco que había vivido, no sabía que hacer, su gran amor lo había llevado al borde de la inexistencia y del olvido total, lo peor era que lo abandonaba provocándole gran dolor. No sólo a él sino a todo su mundo. Curiosamente, nuestro gusano, era capaz de sentir dolor y remordimiento, a diferencia de su hermana él sí tenía un gran sentido del bien común o mejor dicho: “amor al prójimo”.
La mariposa, mientras tanto, esperaba cerca del manantial turquesa a que el rocío matutino exhalara su última gota. Veía como se teñía todo de vida, anunciando el nacimiento de más seres imposibles a excepción del arco iris, su padre, que nació en un mundo distinto y tiene la cualidad de visitar cuantos mundos quiera. Latente realidad que inundaba su mente de varios recuerdos: el día que nació, el verse reflejada en el agua, los destellos azules que tanto le gustaban al pajarillo de la montaña olvidada…demasiada nostalgia.
- Vaya, jamás pensé verte así, – con una sonrisa burlona – cuanto más soberbia más duele la caída ¿No crees? Y según lo que entiendo no tuviste una razón significativa sólo una simple verdad; no eres la única ni la más bella, demasiado simple, demasiado realista para unos oídos tan frágiles como los tuyos.
El suspiro azul de mediodía hacía su aparición con una suave luz tornasolada, casi incorpórea, no olvidemos que el sol era poco más que un recuerdo.
- Me resulta irónico – mientras contemplaba unos pequeños brotes que se asomaban temerosos en la superficie del agua – me hablas de realidad cuando tu apenas y eres algo más que una fantasía nacida de mi mente.
- Es muy posible, pero a pesar de ello puedo discernir lo importante de lo vano e inútil y él haber nacido gracias a ti no implica que sea esclava de tus convicciones.
Ambas se miraron, observaban, buscaban, no sabían que pero no podían evitarlo. Era cierto, la mayoría de los seres imposibles había nacido para complacer a la mariposa de los mil colores, al igual que ella nació para complacer un capricho del arco iris y su ansia de belleza. Era extraño pero en esta ocasión los pequeños brotes resultaron ser pececillos dorados, nada que la mariposa imaginará alguna vez, además que eran cinco pequeños idénticos y las normas de ese mundo sólo admiten uno de cada tipo o especie…demasiado extraño.
- ¡Hola! Somos hijas de un sueño. Y ustedes ¿Quiénes son? – preguntaron en coro.
- Ella es una mariposa y yo soy el suspiro azul de mediodía, mucho gusto pequeñas ¿Les gustaría crecer un poco?
Dicho y hecho, el suspiro azul de mediodía dio un giro, convirtiéndose en suaves destellos dorados exhaló su último aliento de vida. Para sorpresa de la mariposa de los mil colores los pececillos, a diferencia de los demás seres imposibles, se transformaron en flores y no cualquier flor; eran “lirios plateados” que flotaban levemente sobre el agua del manantial. Un tanto intrigada, quiso tocarlas pero estas se volvieron transparentes porque en ese preciso instante, los niños del papel, navegando por el manantial, también vieron las bellas flores y su corazón sin tinta se llenó de ira. Quisieron atraparlas, sin éxito alguno, se resignaron a terminar con la existencia de la mariposa de los mil colores. Jamás admitirían que existiese algo que les recordará su triste origen, sí, era el momento exacto para aniquilarla. Al ser de papel, gozaban de muchas cualidades, podían flotar en el agua, volar por los aires y cortar en pedazos lo que se propusieran, era cuestión de poner el suficiente empeño en lo que se propusieran. Y así fue, la mariposa no tuvo tiempo de reaccionar y un pedazo de su ala derecha cayó sobre el manantial. Al mismo tiempo, varios niños del papel se convirtieron en pececillos dorados, esas pequeñas criaturas en verdad eran hijas de un sueño.
Mientras tanto, al otro lado de ese mundo, todo se desmoronaba; los enormes rascacielos, las grandes construcciones y fábricas. El gusano se quedaba solo, minuto tras minuto, las polillas se convertían en ceniza, no podían evitar retornar a su estado primordial. Habían sido creadas con la energía del segundo sol y éste, al extinguirse, las arrastraba con él.
- Mi señor – dijo la polilla número 678 - no podemos continuar así, es hora de tomar decisiones drásticas.
- Tienes razón, vayan y busquen a mi hermana, su energía puede salvar este mundo, si opone resistencia no duden en cortarle las alas – ordenó – yo me encargare de hacerle unas prótesis de no regenerarse.
- Señor...
Ya había perdido la mitad del ala izquierda, ya no tenía el ala derecha, le quedaban la mitad de sus antenas y estaba cansada de tanto buscar salidas; los niños del papel eran muy rápidos. Le faltaban las fuerzas pero aún tenía algo de razonamiento, mientras más perdía menos niños quedaban, estos se transformaban en flores, peces, destellos multicolores… Sí, al fin comprendió que su esencia se evaporaba y sanaba todo lo que antes estuvo enfermo, más aún, marcaba el renacer de todo lo que fuese impregnado por ella. Su extrema vanidad la empujó al suicidio, no luchó más, y simplemente murió.
- ¿Por qué tardan tanto? Es sólo una mariposa – pensaba el gusano – Ya todo está listo, la conectare al generador principal y su energía lo mantendrá activo, una hora y podré arreglar todo.
- Señor, es mi último reporte; su hermana ha muerto y el rocío matutino se ha convertido en una lluvia de colores, aparentemente todo está renaciendo y los niños del papel han desaparecido. Pero, cuatro soles han sido destruidos y para salvar al último necesitamos mucha energía. El agua del manantial se ha desbordado y ahora tenemos un lago, ahí encontré estas flores. Son lirios plateados, pero tan pronto las atrapé murieron y sólo pude hacer este dibujo, al tocarlas pude sentir su energía, es igual a la del sol. Señor, la única manera de salvarnos es…es…bueno, usted ya lo sabe – sonrió y dio media vuelta – Ya me voy, haga lo que mejor le parezca, es hora de unirme a los míos.
La polilla número 678 se convirtió en ceniza, era la última.
- No hay remedio – dijo, mientras veía a través de la ventana – es hora de pedir perdón.
Al final del día, la mariposa de los mil colores volvía a remontar los aires, ella era la única capaz de convencer a esas florecillas nacidas de un sueño ajeno. Las llevó volando al último sol y les pidió, muy amablemente, que se fundieran a él. Ella misma sirvió de conductor para tanta energía y con un poco del brillo de sus alas le devolvió el resplandor y la vida.
Los lirios plateados nacieron del último deseo que tuvo el pajarillo de la montaña olvidada, por eso sólo hacían caso a lo que decía la mariposa de los mil colores y como no la conocieron lo suficiente no notaron la diferencia.
Ni la mariposa sacrificó su vida por salvar a su mundo ni el gusano se transformó en mariposa en honor a su hermana, ella lo hizo por trascender más allá de la muerte y él porque ante todo buscaba el bien común y siempre hacía lo correcto.
El arco iris volvió, era la reminiscencia de un amor fraternal que nunca existió.
S-17.