martes 22 de diciembre de 2009

Alicia

De este modo las cosas nacen, surgen, se convierten en algo incontenible. Sí, son deseos escondidos, verdades a medias y quizás…

Mi dama de ensueño no es aquella con la que sueño despierto, es algo más sustancial, no se encuentra en mi subconsciente ni es parte de una fantasía…No, ella es aquella con la que sueño despierto, concientemente.

- ¿Dorian? – esa suave voz, es inconfundible, es Alicia, una dulce y pequeña amiga.

- Hola ¿Te quedaste dormida? – le respondo, con una sonrisa en los labios. Su presencia es el aliciente de mi soledad. Siempre tan alegre que su sonrisa resulta contagiante, incluso en los momentos mas tristes.

- Sí, talvez – me dice, mientras enreda sus dedos en su cabello, que por cierto parece estar más corto, de seguro y estoy un tanto ciego.

Mientras caminamos me quedo pensativo, sí, lo dije, tengo la costumbre de soñar despierto. Sueño con ella, intangible pero tan real que un escalofrío recorre todo mi cuerpo. Sí, quizás para sorpresa suya y desdicha mía, ella falleció hace poco. Mi dama era una mujer particularmente bella, tenía ese “algo” especial… La amaba y se lo repetí hasta el último instante de su vida, pero, ella no compartía mis sentimientos. Yo era su amigo, el único que jamás la dejaría y así fue, ella me dejo.

- Dorian, mira es una ardilla – me dice Alicia, señalando un punto perdido en el espacio. Sí, ella también tiene la costumbre de soñar despierta, eso o la cualidad de ver aquello que no puedo ver mientras observo el mundo que me rodea.

- Alicia, eso no es una ardilla, es una piedra en un árbol – le respondo sin mucho interés.

- ¡Ah! ¿Esa piedra? Pues sí, tienes razón es una piedra. Pero, yo apuntaba al cielo, esa nube parece una ardilla ¿La ves? – me dice entusiasmada. Como siempre, ella tiene la capacidad de ir más allá de lo real, creo que eso es lo que uno llama “imaginación”.

- Adorable, como siempre, mi linda Alicia, jamás cambies ¿Quieres? – la veo fijamente y pareciera que esos ojos, color castaño, me sonrieran tiernamente mientras se esconden detrás de sus pequeñas pestañas.

Vuelvo a retomar mi sueño, aspiro aire y elevo la vista al cielo, al sentir los rayos solares cierro mis ojos y Alicia toma mi mano, me guía, me ayuda a atravesar este iluminado sendero.

Puedo sentir el aroma de los árboles, creo que ya hemos cruzado el parque.

- ¿No querías jugar? – le pregunto, mientras entreabro los ojos.

- Eh, no. La otra vez fue un tanto extraño – me dice, mientras fuerza una tímida sonrisa.

- Comprendo – exhalo un poco de aire y mis ojos ven con claridad, la escuela está a unos cuantos metros.

Justo a tiempo. La silueta de una mujer se acerca a nosotros, volteo para verla mejor, es ella.

- Buen día ¿Puedo ayudarla en algo hoy? Ya sabe, estoy a su disposición.

- Dorian, siempre tan amable, no te preocupes, sólo vengo a una reunión de padres de familia.

- Ya comprendo, ya casi terminan las clases y Micaela tiene muchas actividades. Si necesita ayuda no dude en llamarme ¿De acuerdo? – le ofrezco mi ayuda nuevamente.

Asiente con un suave movimiento de cabeza, está apurada, se despide rápidamente y se aleja.

- ¿La viste? Parece que están bien, ella y Micaela – le digo a Alicia, que trata de no perder de vista a su madre.

- Sí, es hora de regresar…

Camila, mi hermosa dama, murió en un accidente. Cuando fui a buscarla había más personas alrededor, demasiadas víctimas, nadie sobrevivió. Fue entonces que Alicia se quedó conmigo, estaba pérdida y los demás ya habían partido.

Estaba tan sola como yo, desde ese día – sí, es una rutina diaria de muchos años y quizás todo lo que me quede de vida – la llevo a ver a su madre y a su hermana. Micaela tenía unos cuantos meses de vida cuando esto pasó, ahora ya tiene la misma edad que Alicia tenía en ese entonces. Alicia no puede crecer, no puede dormir, no puede comer, pero aún puede sentir ese gran amor que la empuja a quedarse como algo inimaginable. En un mundo que le grita que ya no existe.

Quizás, sí, quizás, ella existe para que yo exista.


S-17.

sábado 24 de octubre de 2009

Arco iris

(Parte final)


Sonrió. Y pensó: “Yo no soy así”.

Una suave lluviecilla de colores caía lentamente, era el rocío matutino. Sí, ese era su origen, el alma de los seres imposibles se evaporaba y al caer otorgaba nueva vida.

- ¿Estás bien? Ese pajarillo era muy peligroso y lamentaría ver tanta energía vital desperdiciada, mucho más siendo tu mi hermana – dijo, el gusano de los mil colores, mientras limpiaba el hilo que le había obsequiado la arañita de mantequilla en la ciudad de los tréboles metálicos.

- Era de suponerse. Pero ¿De que te preocupas? Si yo muero sólo tienes que encerrarte en un capullo de cera y serás la nueva mariposa de los mil colores. No tan bella, pero que importa serás la hija única del arco iris. ¿Eso es lo que quieres o no?- replicó, con ira, no porque lamentara que su único amigo hubiese sido asesinado ante sus ojos sino porque su amor propio se encontraba sumamente lastimado. – Eres un egoísta reconócelo, sólo te preocupas por ti mismo, no te preocupaste por mí ni un instante, preferiste construir rascacielos de miel con chispas de destellos azules. Sí, eso es, una vez que termines de cambiar este mundo te coronarás a ti mismo como un ser supremo, el más bello, y para lograrlo me asesinarás. Así surgirás de tu capullo como una prueba clara de la magnificencia de la creación…

- ¿Qué? – Interrumpió el gusano – De todo lo que has dicho sólo tienes razón en que prefiero construir rascacielos a estar haciendo caso al berrinche de una mariposa malcriada e inconsciente, porque eso es lo que eres, una berrinchona y caprichosa sin remedio…

Antes de continuar, cabe aclarar que el rocío matutino, antes de que todo esto ocurriese, era muy escaso pero desapareció por culpa del gusano de los mil colores. Porque él, en un arranque de gran perfeccionismo, consiguió la inmortalidad de los seres imposibles.

La mariposa, ante todo, era consciente de este hecho y por eso prefirió envolverse en un poco de rocío y desaparecer al instante.

- Demonios – gritó – tanto te molesta saber que no somos un adorno y que podemos dar mucho más de lo que se espera de nosotros. Me sorprende que teniendo tanta energía la desperdicies en sentirte miserable en lugar de brindarle un beneficio al mundo en el que vives, que por cierto, está desapareciendo gracias a tu amigo y por lo que pude investigar todo es culpa tuya.

- Señor, disculpe, pero que culpe a su hermana no nos ayuda en nada – dijo la polilla de chocolate número 675.

- Sí, ya lo sé, todo es mi culpa – respondió el gusano, en un intento de complacer a oídos ajenos.

- El que admita su culpa tampoco ayuda, señor, yo creo que deberíamos buscar otra solución ¿Y si le hace caso a su hermana? Total, siendo una mariposa es más útil que siendo gusano – propuso, insolentemente la polilla número 676.

- Señor, mientras lo piensa, creo que debemos solucionar otro problema; pues verá, aparecieron unos seres que se autoproclaman: “los niños de papel”. Y por lo que pude averiguar odian las flores y todo lo relacionado a ellas. Como sabrá, ya no quedaban muchas flores y como éstas estaban cubiertas de destellos azules…bien, ellos están destruyendo el tercer sol. Además, está escaseando energía solar, uno solo no abastece a las plantas purificadoras de agua, a las refinerías de destellos dorados y a los micro catalizadores de la inmortalidad. Señor, estamos en serios problemas, los seres imposibles al no tener suficiente alimento están recurriendo a devorarse entre sí; es como una enfermedad imparable. Señor ¿Qué hacemos? – informó y preguntó, la polilla número 678.

Por primera vez en su corta existencia, y vaya que hizo mucho en lo poco que había vivido, no sabía que hacer, su gran amor lo había llevado al borde de la inexistencia y del olvido total, lo peor era que lo abandonaba provocándole gran dolor. No sólo a él sino a todo su mundo. Curiosamente, nuestro gusano, era capaz de sentir dolor y remordimiento, a diferencia de su hermana él sí tenía un gran sentido del bien común o mejor dicho: “amor al prójimo”.

La mariposa, mientras tanto, esperaba cerca del manantial turquesa a que el rocío matutino exhalara su última gota. Veía como se teñía todo de vida, anunciando el nacimiento de más seres imposibles a excepción del arco iris, su padre, que nació en un mundo distinto y tiene la cualidad de visitar cuantos mundos quiera. Latente realidad que inundaba su mente de varios recuerdos: el día que nació, el verse reflejada en el agua, los destellos azules que tanto le gustaban al pajarillo de la montaña olvidada…demasiada nostalgia.

- Vaya, jamás pensé verte así, – con una sonrisa burlona – cuanto más soberbia más duele la caída ¿No crees? Y según lo que entiendo no tuviste una razón significativa sólo una simple verdad; no eres la única ni la más bella, demasiado simple, demasiado realista para unos oídos tan frágiles como los tuyos.

El suspiro azul de mediodía hacía su aparición con una suave luz tornasolada, casi incorpórea, no olvidemos que el sol era poco más que un recuerdo.

- Me resulta irónico – mientras contemplaba unos pequeños brotes que se asomaban temerosos en la superficie del agua – me hablas de realidad cuando tu apenas y eres algo más que una fantasía nacida de mi mente.

- Es muy posible, pero a pesar de ello puedo discernir lo importante de lo vano e inútil y él haber nacido gracias a ti no implica que sea esclava de tus convicciones.

Ambas se miraron, observaban, buscaban, no sabían que pero no podían evitarlo. Era cierto, la mayoría de los seres imposibles había nacido para complacer a la mariposa de los mil colores, al igual que ella nació para complacer un capricho del arco iris y su ansia de belleza. Era extraño pero en esta ocasión los pequeños brotes resultaron ser pececillos dorados, nada que la mariposa imaginará alguna vez, además que eran cinco pequeños idénticos y las normas de ese mundo sólo admiten uno de cada tipo o especie…demasiado extraño.

- ¡Hola! Somos hijas de un sueño. Y ustedes ¿Quiénes son? – preguntaron en coro.

- Ella es una mariposa y yo soy el suspiro azul de mediodía, mucho gusto pequeñas ¿Les gustaría crecer un poco?

Dicho y hecho, el suspiro azul de mediodía dio un giro, convirtiéndose en suaves destellos dorados exhaló su último aliento de vida. Para sorpresa de la mariposa de los mil colores los pececillos, a diferencia de los demás seres imposibles, se transformaron en flores y no cualquier flor; eran “lirios plateados” que flotaban levemente sobre el agua del manantial. Un tanto intrigada, quiso tocarlas pero estas se volvieron transparentes porque en ese preciso instante, los niños del papel, navegando por el manantial, también vieron las bellas flores y su corazón sin tinta se llenó de ira. Quisieron atraparlas, sin éxito alguno, se resignaron a terminar con la existencia de la mariposa de los mil colores. Jamás admitirían que existiese algo que les recordará su triste origen, sí, era el momento exacto para aniquilarla. Al ser de papel, gozaban de muchas cualidades, podían flotar en el agua, volar por los aires y cortar en pedazos lo que se propusieran, era cuestión de poner el suficiente empeño en lo que se propusieran. Y así fue, la mariposa no tuvo tiempo de reaccionar y un pedazo de su ala derecha cayó sobre el manantial. Al mismo tiempo, varios niños del papel se convirtieron en pececillos dorados, esas pequeñas criaturas en verdad eran hijas de un sueño.

Mientras tanto, al otro lado de ese mundo, todo se desmoronaba; los enormes rascacielos, las grandes construcciones y fábricas. El gusano se quedaba solo, minuto tras minuto, las polillas se convertían en ceniza, no podían evitar retornar a su estado primordial. Habían sido creadas con la energía del segundo sol y éste, al extinguirse, las arrastraba con él.

- Mi señor – dijo la polilla número 678 - no podemos continuar así, es hora de tomar decisiones drásticas.

- Tienes razón, vayan y busquen a mi hermana, su energía puede salvar este mundo, si opone resistencia no duden en cortarle las alas – ordenó – yo me encargare de hacerle unas prótesis de no regenerarse.

- Señor...

Ya había perdido la mitad del ala izquierda, ya no tenía el ala derecha, le quedaban la mitad de sus antenas y estaba cansada de tanto buscar salidas; los niños del papel eran muy rápidos. Le faltaban las fuerzas pero aún tenía algo de razonamiento, mientras más perdía menos niños quedaban, estos se transformaban en flores, peces, destellos multicolores… Sí, al fin comprendió que su esencia se evaporaba y sanaba todo lo que antes estuvo enfermo, más aún, marcaba el renacer de todo lo que fuese impregnado por ella. Su extrema vanidad la empujó al suicidio, no luchó más, y simplemente murió.

- ¿Por qué tardan tanto? Es sólo una mariposa – pensaba el gusano – Ya todo está listo, la conectare al generador principal y su energía lo mantendrá activo, una hora y podré arreglar todo.

- Señor, es mi último reporte; su hermana ha muerto y el rocío matutino se ha convertido en una lluvia de colores, aparentemente todo está renaciendo y los niños del papel han desaparecido. Pero, cuatro soles han sido destruidos y para salvar al último necesitamos mucha energía. El agua del manantial se ha desbordado y ahora tenemos un lago, ahí encontré estas flores. Son lirios plateados, pero tan pronto las atrapé murieron y sólo pude hacer este dibujo, al tocarlas pude sentir su energía, es igual a la del sol. Señor, la única manera de salvarnos es…es…bueno, usted ya lo sabe – sonrió y dio media vuelta – Ya me voy, haga lo que mejor le parezca, es hora de unirme a los míos.

La polilla número 678 se convirtió en ceniza, era la última.

- No hay remedio – dijo, mientras veía a través de la ventana – es hora de pedir perdón.

Al final del día, la mariposa de los mil colores volvía a remontar los aires, ella era la única capaz de convencer a esas florecillas nacidas de un sueño ajeno. Las llevó volando al último sol y les pidió, muy amablemente, que se fundieran a él. Ella misma sirvió de conductor para tanta energía y con un poco del brillo de sus alas le devolvió el resplandor y la vida.

Los lirios plateados nacieron del último deseo que tuvo el pajarillo de la montaña olvidada, por eso sólo hacían caso a lo que decía la mariposa de los mil colores y como no la conocieron lo suficiente no notaron la diferencia.

Ni la mariposa sacrificó su vida por salvar a su mundo ni el gusano se transformó en mariposa en honor a su hermana, ella lo hizo por trascender más allá de la muerte y él porque ante todo buscaba el bien común y siempre hacía lo correcto.

El arco iris volvió, era la reminiscencia de un amor fraternal que nunca existió.


S-17.

viernes 11 de septiembre de 2009

Arco iris

(Segunda Parte)
Cinco, diez, veinte… ¿Cuántos días habían pasado? Demasiados, para un mundo sin reglas establecidas y con un neonato dispuesto a todo. Nuestro veloz gusano se las arreglaba para no ser comido por sus depredadores naturales, tales como la garza violeta del pantano suspendido en el cielo; por cierto, él descubrió que existía tal lugar sin la necesidad de tener alas. También tenemos al ave de pico ceniciento, que adora comer platillos exóticos y que mejor qué un único ejemplar de gusano de los mil colores…Y así tenemos a varios más que no es necesario mencionar porque tienen nombres demasiado extensos y prefieren no involucrarse mucho en la historia.

Todo se reduce a la extrema obsesión que nuestro joven gusano tenía por explorar e investigar nuevos lugares, aunque eso quedó atrás cuando su gran amor se hizo presente. Sí, la “búsqueda del progreso”. Grandes proyectos rondaban su mente, colosales edificaciones, en miras de obtener triunfo y control sobre lo que lo rodeaba. Todo, absolutamente todo debería estar bajo control, ¿Para qué? Para mejorar la vida de cada uno de los habitantes del mundo más extraño jamás concebido.

Quedaba el pequeño detalle de que no todos estaban de acuerdo, es más, no entendían porque tenían que desviar el agua del manantial turquesa hacia las colinas electrificadas, porque era tan importante que los escarabajos plateados estuviesen encerrados en contenedores de plástico o porque tenían que construir un puente entre el cielo y la tierra. Era un tanto incomprensible, a muchos les agradaba la vida tal cual era, se sentían felices de respirar el aire que emanaba del manantial turquesa en un día soleado, ver rondar por aquí y por allá a un sinfín de escarabajos o tan sólo saber que la lluvia es la manera en que el cielo conversa con la tierra.

¿Conformistas? Tal vez, pero nunca opositores, por eso el gusano tuvo tanta aceptación. Nadie estaba en contra del cambio, todo cambio era bueno y si no lo era podía ser revertido o por lo menos eso afirmaba nuestro hábil gusano en cada discurso de presentación. Sí, nuestro gusano, a diferencia de su hermana, era un elocuente orador y gran negociador. Su espíritu estaba lleno de buenas intenciones, infinitamente lleno.

Al mismo tiempo, nuestra otrora hermosa mariposa se había convertido en un despojo andante – perdió la capacidad de volar – a causa de la depresión que le había causado que su propio hermano no le prestara atención. Sus miles de sueños se fueron evaporando como el cada vez menos presente rocío matutino. Y para el colmo, no más charlas consoladoras, su único amigo se dedicaba día a día a tratar de comerse a su hermano. Sí, el gusano que había arruinado su vida, su egocentrista vida.

- Como que hay menos flores en esta primavera ¿No crees? – preguntaba el destello marfil de mediodía.

- Cierto, quizás después de tantos años por fin vivamos un invierno – respondió el lucero gris de la madrugada.

- Apuesto a que la mariposa está a punto de morir, de tanto ser ignorada prefiere desaparecer lentamente, pobrecilla y pensar que es el ser más bello de este mundo. Pero, ni modo, lo bello siempre es efímero cuando es superficial – argumentaba el suspiro azul de medianoche, antes de ser interrumpida por una polilla de chocolate.

- Cuidado, emisarias del gran día, estamos construyendo un puente y si ustedes se aparecen por acá saldrán un tanto lastimadas. Evitemos los accidentes trabajando juntos, ustedes nos vendrían muy bien como generadoras de energía. ¿Qué tal si se unen a la obra? – las invitó cordialmente la polilla.

Y al instante, muy ofendidas, desaparecieron sin dejar rastro. No volverían jamás y con ellas se fue el único sustituto del casi inexistente rocío matutino. Lo que podría traducirse en que ya no habría más flores, ni árboles, ni agua, ni nada que pudiese ser considerado bello; porque el alma misma de la primavera estaba desapareciendo y como un cascarón vacío no sirve de nada éste se iba resquebrajando.

El quinto sol había sido pulverizado, el cuarto era una mina de destellos dorados, el tercero aparentemente era una fuente inagotable de destellos azules en su más pura esencia y el segundo, una vez extraída toda su energía, sería una perfecta refinería de agua del manantial turquesa. Sólo quedaba el primero, no lo tocarían mientras aún necesitasen de él para mantener la vida en el mundo de los seres imposibles, que por cierto, cada vez se hacían más comunes.

- Muy buen proyecto, esa montaña no tiene habitantes, a no ser ese pajarillo que no deja de molestarme. Y por lo que veo no creo que ponga oposición si le doy un pedazo de mis antenas como pago. ¿Cuándo podrías comenzar la construcción del centro de retiro vacacional del olvido? – preguntó el gusano de los mil colores.

- Cuando usted disponga, señor, todo estará listo – respondió la polilla número 5678.

- Perfecto, en dos minutos y 56 segundos. ¿De acuerdo? – dijo, antes de revisar otro proyecto y ese mundo se quedó con flores sin colores.

El pajarillo no quería antenas, no quería gusano, no quería nada, estaba muy triste; era de sentimientos sinceros y le dolió ver a la mariposa casi al borde de la desaparición. Pero el gusano ni se dio cuenta de que ya no lo molestaba, prefería revisar nuevos proyectos en busca del progreso que tanto amaba.

- Ya no hay rocío, ya no hay colores, ya no hablas. ¿Qué puedo hacer por ti? Dime, que lo haré sin pensar – suplicó el pajarillo, pero nada, la mariposa ya casi estaba muerta; su mundo de bellos colores desaparecía y ya no necesitaba de una mariposa de los mil colores.

- Margaritas rojas… - dijo, en un susurro y sus bellas alas desaparecieron.
- De acuerdo, las tendrás en unos segundos – pensó y voló, voló tan lejos, atravesó distintos mundos. Hasta que llegó al único lugar que tenía seres llenos de un líquido vital tan rojo que podía encender el alma muerta de las flores de su decadente mundo.

La única manera era atravesar la carne, los huesos y llegar al corazón, devorarlo y con él toda la palpitante y roja sangre. Y así fué, el pajarillo, para devolverle minutos de felicidad y alegría a su amiga, devoró cientos de corazones. Fueron tantos que la mariposa pudo sonreír y sentirse lo suficientemente fuerte para recrear sus alas en una sonrisa.

Una mañana de diciembre, en el mundo de los corazones robados, millares de niños fallecieron de un extraño mal, miles de risas callaron y los bosques, campos, jardines, lagos y lagunas, se unieron en un lamento tan grande que el inmutable arco iris decidió no regresar al mundo de los seres imposibles. Dejando así, solos a sus hijos.

- ¿Te gustan? Florecieron sólo para ti… - decía el pajarillo, cuando el gusano de los mil colores le atravesó un hilo de hierro en la garganta, para luego proceder a cortarle el alma, porque esa era la única manera de asesinar a un ser imposible; quitarle el alma, en este caso el pajarillo la tenía en la garganta cerca al pico.

No gritó, pero derramó una lágrima debido a la conmoción del momento. Y así fue como nacieron los niños del papel, del pequeño instante en que la mariposa sintió verdadera desilusión y tristeza, el momento más sincero y menos narcisista que existió en su vida.

sábado 5 de septiembre de 2009

Arco iris

(Primera Parte)

Allá a lo lejos se ve volar a la mariposa de los mil colores, hija predilecta del arco iris, que se ve feliz pues por un capricho de su multifacético padre ha de nacer un gusano de los mil colores (léase oruga extraordinariamente colorida pero muy testaruda).

- Adiós a la lluvia, adiós a los juegos solitarios, adiós a tantas cosas…- decía mientras armoniosamente giraba en torno a un sol tan radiante como su sonrisa.

En el mundo de los seres imposibles era común ver cuántos soles imaginaras, tan bellos, tan oscuros, tan diferentes, tan parecidos a la mariposa de los mil colores… Excepto por su extrema vanidad. Ahí podrías encontrar todo lo que existe en cualquier mundo, sólo que organizado como jamás debería ser, como quién dice; “Si quieres algo de vino lo encontrarás en el pico de un ruiseñor”.

El suspiro azul de medianoche se paseaba cerca de un sol, parecía una leve mancha de ceniza al lado de nuestra alegre mariposa, al ver tanta felicidad se le ocurrió preguntarle en que pensaba hacer una vez que naciera su hermano.

- Ser muy feliz – respondió – tanto que me haré más hermosa, tanto que mi padre estará muy orgulloso y celoso… Nadie jamás verá tanta belleza, en ningún mundo, constelación o universo alterno. Seré tan feliz…

- Pero, no sería mejor darle la bienvenida o saludarlo o no se, hacer algo para que tu hermano sepa que estás feliz por su causa – dió un giro y se convirtió en una nube radiante de color dorado – ¿No te parece algo más lógico?

- ¿Lógica? ¿Crees que es lógico que un ser tan bello como yo le diga a alguien que está feliz por su causa? Que enorme error, se ve que no eres más que una nube entrometida, además de que eres la única que podría pensar en algo tan insignificante -. Dicho esto, la mariposa cerró sus alas y desapareció al instante.

- Como siempre – dijo, dió otro giro y se convirtió en polvo mágico, cayendo suavemente sobre las pequeñas flores que se veían cansadas de tanto esperar al rocío matutino.

El pequeño pajarillo de la montaña olvidada, a quién por cierto nadie recordaba, iba de rama en rama en busca de frutillas azuladas. Eran sus preferidas, pero sólo aparecían cuando caía el rocío matutino – él cual rara vez caía – y este no era su día de suerte.

- Hola – saludó con mucha alegría la mariposa - ¿Qué haces?

- Eh… Hola… ¿Yo?

- Si, tú.

- Buscaba frutillas azuladas, pero no hay ni una, ya sabes, tengo muy mala suerte.

- No hay problema – agitó sus bellas alas y un aura azul se desprendió de ellas, cubriendo a totalidad todos los frutos que allí existían – ya esta, vez, son todas azules, sólo para ti.

- Que bien, son todas mías y al ataque… - se pudo entender, antes de que se llenará el pico de miles de destellos azules.

Por alguna extraña razón la mariposa de los mil colores sólo era amable con este pajarillo, poco conocido pero muy alegre, podría decirse que era el único que nunca le reprochaba su inmensa vanidad y soberbia. Más bien, era el único que no le daba tanta importancia, para él, la mariposa sólo era eso; una mariposa. Agreguémosle que este pequeño ser vivía en la montaña olvidada, por lo tanto nadie podía verlo ni oírlo, no porque fuera invisible sino porque era insignificante. Era como el nombre de una calle por la que alguna vez caminaste cuando tenías dos años, de la cual te dijeron el nombre, pero eras tan distraído que no le diste importancia.

- Sabes, tendré un hermanito, el pobre será un gusano… Bueno, de seguro y será un tanto feo, pero yo siempre lo querré y lo cuidaré. Aunque, no me acercaré mucho a él, no olvides que las mariposas volamos y los gusanos se arrastran, y a mí no me gusta el polvo…- Y así continuó hablando como mil horas, que para un pajarillo de un mundo mágico se resume a dos horas, aún así suena agotador escuchar tanto.

- Pero ¿Tú también fuiste un gusano o no? – dijo el pajarillo antes de quedarse dormido.

- Vaya, es cierto, pero era un gusano digno de verse. Fuí un gran gusano… - y así prosiguió otras mil horas.

Después de casi dos mil horas ininterrumpidas de hablar sobre sí misma, la mariposa escuchó algo muy familiar y extraño a la vez. El arco iris se elevaba del suelo y con el haz de luz que quedaba, levemente, dibujaba la silueta de un gusano, sí, era el gusano tan esperado por la mariposa; su hermano al fin había nacido.

Abrió los ojos y, como todo gusano de los mil colores, se movió a la velocidad de la luz y comenzó a explorar todo el mundo que lo rodeaba. Que por cierto era algo inusual en un gusano de esa especie, generalmente se ponen a hablar y hablar de lo hermosos que serán, ya lo había demostrado la mariposa antes de ser mariposa.

- ¡Gusano! – exclamó el pajarillo, con todo el ánimo de comérselo, era la primera vez que veía un bocadillo tan exquisito. Bellos colores, buen tamaño y lo principal, se veía extremadamente suculento. Como buen pajarillo de la montaña olvidada, levantó el vuelo sigilosamente y agitó sus alas tan fuerte que despertó, de su shock, a su amiga mariposa.

- ¡Alto! – gritó, pero no porque el pajarillo quería comerse a su hermano sino que no entendía porque el gusano, hermano suyo, exploraba cada rincón de ese mundo antes de idolatrarla como era de suponerse. – ¿Qué crees que estás haciendo? Me pones en ridículo y mucho más, ni siquiera aprecias mi belleza. ¿Estás defectuoso o qué?

- Perdón ¿Tu eres?...

- Tú hermana, idiota.

- Y yo, el pajarillo que va a comerte – dijo, antes de abalanzarse sobre el objeto de su delirio.

- Demasiado lento – respondió, mientras lo esquivaba a una increíble velocidad.

Parecía que se divertían en ese juego interminable de cazador y presa, donde, ciertamente, no se entendía quien era quien.

Dió un giro, se enredó en sí misma y lo único que consiguió fue un destello rosa pálido, nuestra mariposa estaba confundida.

lunes 13 de julio de 2009

El lector

II
Determinación...
Donde yo no puedo estar quizas sea un mejor lugar...
Despues de recoger mis cosas, comprendí que debía alejarme de todo aquello que había destrozado. No me sentía capaz de soportar esas miradas, rencorosas y compasivas, a la vez.
Por algún extraño motivo dolían más que mis heridas corporales.
No recuerdo como ni porque pero ahí estaba, ese pequeño niño, el guía que me enseño a seguir adelante.
- ¿Un poco de agua?- preguntó, mientras me ofrecía un líquido algo turbio, contenido en una botella de plástico.
- No gracias - fué mi lógica respuesta.
- Bien - dijo antes de bebérselo todo - es un jugo de manzana, no muy consistente pero delicioso.
Sonreía y se veía seguro de si mismo, me pareció normal porque aún era un niño.
- Bueno, ya me voy y no te preocupes amigo vagabundo, yo cuidare de ti - aseguró y desapareció entre la multitud.
A mi lado encontré algunos cartones y periódicos, además de una nota que decía:"Si quieres pasar una buena noche,te recomiendo dormir en un cajero automático, son más cómodos y te protegen del frío. De preferencia el que está en la Avenida B, no tiene dinero ni funciona. Volveré mañana."
No era la mejor letra pero las palabras eran sinceras. Así inició mi vida al cuidado de un pequeño que no tenía otro hogar que la ciudad entera pero que tenía la seguridad de sentirse vivo, sin la necesidad de temerle al destino.

lunes 29 de junio de 2009

El lector

I
" El accidente, no es otro sino uno mismo..."
Desde el día del sol hasta el día que se pierde en la decadencia del tiempo; hubo un sentimiento que me mantuvo conciente de mi existencia cuando creí perdido el sentido de vivir.

Sintiendo el agudo dolor atravesando mis costillas y la sangre bullendo en mi garganta, curiosamente puedo sonreír. Pues he visto algo que me da esperanzas...
Ocaso y el viento me trae algunos copos de nieve, mientras sopla y choca contra mi ventana. Demasiado ruidoso.
¿La vida debe ser dolorosa?
Este dolor me mantiene con vida pero no me siento vivo. Estoy muerto y mi cuerpo se da el lujo de sentir dolor al ser resquebrajado. Pedazo a pedazo me transformo y se supone que debo renacer.

sábado 20 de junio de 2009

Realidades

Si he de hablar prefiero no decir nada,
si he de soñar prefiero no despertar,
si me han de preguntar...
prefiero no responder.
Desde una imagen borrosa
hasta el mismo plano de la realidad,
donde los hechos se tornan tangibles,
no existe algo mejor que la inspiración
que provoca,
lo que más deseas...
Ese halo transparente que tratas de alcanzar
ese retazo de tus peticiones,
ese cielo que tanto lo niega
y,
lo deja en el fuego,
el fuego que se lleva tus ilusiones
aunque estas no sean tangibles.
Y en el vacío,
encontrar ese algo
reflejado en un espejo
aunque inperfecto,
tu propio yo hallado en otro,
tus errores, tus expresiones,
un artilugio óptico
nacido en la misma realidad.
¿Qué deseas?
¿Qué buscas?
Buscando lo que quiero
encuentro lo que no quiero...
No existe nada más paradójico ni real en mi vida.
Sade 17.